México vive con una reserva mínima de combustibles. Los bloqueos y la violencia muestran que sin una política seria de almacenamiento, cualquier crisis puede volverse parálisis económica.
El domingo México descubrió otra vez una verdad incómoda: nuestro sistema de combustibles está diseñado para días tranquilos, no para emergencias. Bloqueos, incendios de vehículos, carreteras tomadas y patrullas desbordadas bastan para recordarnos algo que casi nunca está en la conversación pública: ¿cuánta gasolina tenemos realmente de reserva si el país se detiene unas horas más de lo normal?
En México nos encanta hablar de “soberanía energética”, pero casi nunca hablamos de almacenamiento. Y, sin embargo, ahí se define si una crisis se queda en susto mediático o se convierte en parálisis económica.
Desde 2017, la Política Pública de Almacenamiento Mínimo de Petrolíferos planteó una ruta razonable: llegar a 10–13 días de inventarios de gasolina y diésel hacia 2025, para resistir choques como guerras, huracanes o bloqueos internos. 
Pero en 2020 se decidió otra cosa: se modificó la política para dejar la obligación en solo 5 días de inventario hasta 2025. 
Traducción sencilla: elegimos conscientemente vivir con una red de seguridad más delgada, justo en un país atravesado por violencia, crimen organizado y tensiones políticas.
Cinco días de inventario no significan cinco días de calma garantizada. Significa que cualquier interrupción seria —un oleoducto saboteado, puertos cerrados, carreteras bloqueadas, un evento climático extremo en Texas— puede empezar a sentirse en cuestión de horas en ciertas regiones: estaciones que racionan, empresas que frenan rutas, gobiernos estatales rogando a Pemex por prioridad de suministro.
Lo más grave es que la discusión se ha centrado en “cuánto cuesta” construir más tanques, terminales y cavernas para almacenamiento… y casi nunca en cuánto cuesta no tenerlos. El “ahorro” de hoy se paga con vulnerabilidad mañana. Pregúntenle a cualquier transportista, cadena de supermercados, hospital o planta industrial qué significa operar con la duda de si habrá combustible suficiente para la siguiente semana.
Una política seria de almacenamiento de combustibles no es un capricho técnico, es seguro nacional. Implica tres cosas muy concretas: metas crecientes y obligatorias de inventarios (no solo para Pemex, también para privados), incentivos claros para invertir en infraestructura y reglas de uso en emergencia que eviten que el primero en acaparar sea el primero en ganar.
El domingo nos recordó que el país puede cambiar de “normalidad” a “crisis” en unas cuantas horas. Seguir operando con el mínimo legal de inventarios —y celebrarlo como si fuera eficiencia— es jugar con fuego… y con gasolina.
Si de verdad queremos hablar de soberanía energética, empecemos por lo básico: que México pueda aguantar algo más que un par de días sin temblar cada vez que la violencia o la geopolítica cierran una válvula.

Gabriel Becerra.









