En medio de la crisis energética internacional, ha surgido una idea que puede parecer extraña: México podría resistir mejor de lo esperado si continúan las tensiones en zonas clave como el estrecho de Ormuz, por donde pasa buena parte del petróleo y gas del mundo.
Esto no significa que México esté protegido por completo. Lo que quiere decir es que el impacto para el país sería diferente al que sufrirían otras naciones. Hay economías que dependen mucho de barcos que transportan gas natural licuado o petróleo desde Medio Oriente. Si esa ruta se complica, enfrentan un riesgo directo de desabasto. En el caso de México, el principal problema sería un aumento de precios, no tanto una falta inmediata de energía.
México sí importa gasolinas y otros combustibles ya procesados, por lo que cuando sube el petróleo, también suben costos que terminan afectando al consumidor. Pero al mismo tiempo, México produce petróleo. Eso significa que puede recibir más ingresos cuando el precio internacional sube. El problema es que ese beneficio solo se nota si hay suficiente producción y si las exportaciones no siguen cayendo. Lo cual en estos momentos es un problema.
Con el gas ocurre algo parecido. México depende mucho del gas que llega desde Estados Unidos por ductos. Eso le da una ventaja frente a países que compran gas por barco, porque el suministro físico es más estable. Sin embargo, si el precio del gas en Estados Unidos sube por la demanda internacional o por presión en sus inventarios, ese aumento también termina afectando a México, sobre todo en la generación de electricidad.
Esta situación también abre una oportunidad. Cuando la energía en el mundo se vuelve más cara e inestable, cobra más sentido invertir en soluciones que hagan al país menos vulnerable: almacenamiento, ahorro de energía, redes eléctricas más fuertes y energías renovables. El problema es que estas inversiones no ocurren solas. Se necesitan permisos, reglas claras y condiciones para que las empresas quieran invertir.
Por eso, decir que México puede “aguantar mejor” no es lo mismo que decir que va a “ganar” con una crisis. El país todavía puede sufrir inflación, mayores costos industriales y presión sobre los consumidores. La diferencia es que su posición energética y su relación con Norteamérica le dan cierto margen para resistir mejor que otros.
Al final, la clave no está solo en el precio del petróleo o de la gasolina, sino en lo que México haga internamente: producir más, operar mejor sus refinerías, fortalecer la red eléctrica e impulsar una agenda real de eficiencia y energías limpias.

Gabo Becerra









